Andrés Hurtado no fue a Sevilla en busca de arte. Estuvo allí para hacer turismo durante unos días y, el sábado alrededor de las 16:30, en el tipo de calor implacable que da fama a la ciudad, tropezó con algo tirado en el pavimento Eso llamó su atención por la razón menos artística: el marco.

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“Vi a unos muchachos tirar un cuadro a la calle”. Y pensó: “Qué cuadro tan genial”. “Para ser honesto, ni siquiera miré el cuadro, simplemente me lo llevé al hotel”. Los medios locales lo citan diciendo. Se fue con él, literalmente, en una bolsa de la compra que había comprado en un bazar asiático, sin darse cuenta de que acababa de rescatar un Sorolla original que sus dueños habían olvidado en medio de una veloz mudanza hacia su casa de la playa.

De la sospecha a la inteligencia artificial

Las dudas empezaron a surgir casi de inmediato. “Con tantas réplicas y falsificaciones por ahí, nunca pensé que pudiera ser un Sorolla original”, admite Hurtado, un ex empleado de un supermercado que actualmente se encuentra en paro. Entonces hizo lo que cualquiera hace en 2026. cuando tienen una duda existencial sobre un lienzo: se la plantea a la inteligencia artificial. La respuesta abrió la posibilidad de que la obra pudiera ser genuina: “Confirmó que podría serlo”.

Sólo medio convencidoIncluso sondeó una casa de subastas. que, según él, estaba dispuesto a ofrecerle miles de euros por la pieza. El problema era que Hurtado aún no sabía que el cuadro no estaba perdido en el sentido romántico, sino que había sido denunciado oficialmente como desaparecido: sus dueños ya habían acudido a la policía al enterarse de que lo habían dejado en aquella acera de Sevilla.

un final feliz

Cuando supo que la obra tenía dueños y que lo buscaban, Hurtado cambió de planes: contactó a la policía para dejar claro que no se trataba de un robo sino de un hallazgo que había traído mala suerte a todos. El cuadro viajó con él a Murcia y este miércoles llegarán los agentes recogerlo en su domicilio, en un municipio cercano a la capital regional, para poder ser devuelto.

Antes de eso, aunque, hubo tiempo para una llamada telefónica. Hurtado habló con el dueño del cuadro, quien le confirmó lo que ya sospechaba: se lo habían olvidado en las prisas de último momento antes de salir a la playa. Agradecido, le prometió “un regalo” por su honestidad. Por ahora lo único seguro es que Hurtado se perderá la subasta, pero se marchará con una anécdota que nadie va a discutir en ningún bar.

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