Un cerro en el noroeste de Murcia está obligando a los historiadores a repensar algunas de las ideas más establecidas sobre los primeros siglos de Al-Andalus. Excavaciones en Cerro de la Virgen de Calasparra han sacado a la luz una iglesia paleocristiana que no sólo sobrevivió a la conquista musulmana de 713, sino que permaneció en uso durante casi dos siglos más.

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el estudio (fuente en español)publicado en la revista científica “Salduie” por investigadores David Martínez y Rubén Fernándezdocumenta la existencia de una iglesia fundada hacia la primera mitad del siglo V que habría conservado su función religiosa al menos hasta el siglo IX. Si esta cronología se confirma plenamente, constituiría una de las pruebas más sólidas de la continuidad del culto cristiano en la Península Ibérica durante los primeros años de la ocupación árabe.

La iglesia fue identificada gracias a diversas campañas de prospección y excavación realizadas en la zona desde 2021. Los arqueólogos la describen como edificio de una sola nave con presbiterio tripartitoun diseño que consideran característico de ciertas iglesias “tardoantiguas”.

“Esto representa un modelo arquitectónico con paralelos notables en las iglesias visigodas como Santa Cristina de Lena”, señalan los autores de la nota de estudio, refiriéndose a esta iglesia asturiana. También señalan que las sacristías y ábsides presentan similitudes con algunas iglesias “parroquiales y episcopales” de Siria, conexión que refleja el uso de modelos arquitectónicos similares en todo el Mediterráneo en la antigüedad tardía.

Mucho más que una cuestión de tiempo

La datación por radiocarbono sitúa la construcción del edificio entre los años 410 y 440 d.C. Esto está respaldado por análisis cerámicos y estratigráficos que apoyan la hipótesis de una ocupación prolongada del sitio. El yacimiento ya había llamado la atención de los investigadores en campañas anteriores, cuando se desenterró una llamativa lámpara paleocristiana de bronce, con forma de paloma eucarística y considerada en su momento una pieza excepcional en el contexto europeo.

Sin embargo, el aspecto más significativo del nuevo estudio no es la antigüedad de la iglesia, sino su supervivencia como tal tras la conquista musulmana de la Península. Tradicionalmente, muchos relatos históricos han presentado la llegada de las tropas moras a principios del siglo VIII como una ruptura relativamente marcada con las tradiciones visigodas. Los hallazgos de Calasparra, sin embargo, esbozan una realidad más compleja.

Los investigadores sostienen que No hay evidencia de que la iglesia fuera convertida en mezquita.ni que perdió inmediatamente su función religiosa. De hecho, afirman que “el registro, con la presencia de vasijas y vasijas de cocina, no debe entenderse como evidencia de la desacralización de la iglesia o de su conversión en viviendas islámicas”, se lee en el estudio.

“Por el contrario, dichos materiales deberían analizarse como indicadores del uso continuado del espacio para prácticas comunitarias que abarcan tanto el culto como la gestión de recursos”, argumentan. Esta lectura se ve reforzada por la conclusión central del trabajo: “El estudio tipológico y estratigráfico de la cerámica apunta a El carácter litúrgico de la iglesia perdura. hasta bien entrado el siglo IX”.

La investigación también sitúa este fenómeno en el contexto de la kūra de Tudmīr, la entidad administrativa que surgió después el pacto firmado en 713 entre las autoridades musulmanas y el noble visigodo teodemir. Ese acuerdo permitió a numerosas comunidades cristianas conservar durante un tiempo parte de sus estructuras políticas, religiosas y económicas a cambio del pago de impuestos.

De hecho, la fiscalidad es otra clave para comprender el sitio. Entre los materiales recuperados se encuentran balanzas, pesas y otros objetos vinculados al control económico y la recaudación de impuestos. Una de estas pesas incluso lleva una inscripción en árabe que se traduce como “la justicia pertenece a Dios”.

Fe cristiana, impuestos musulmanes.

La presencia de estos objetos demuestra que el Cerro de la Virgen cumplió un papel que iba mucho más allá de lo estrictamente religioso. Su posición estratégicadominando importantes vías de comunicación y recursos agrícolas locales, lo convirtió en un centro de organización territorial y económica. Es decir, la comunidad cristiana que utilizó la iglesia también participó en los mecanismos fiscales del nuevo poder andalusí.

Los autores resumen esta situación con una declaración contundente: “La colina estaba una comunidad cristiana sometida a los impuestos del Estado islámico y obligados a integrarse en los circuitos fiscales y comerciales regionales”.

Para los investigadores, el caso de Calasparra ayuda a arrojar luz sobre cómo se produjo la islamización de la sociedad peninsular. Lejos de un reemplazo inmediato de poblaciones o instituciones, el proceso parece haber estado marcado por décadas de adaptación, convivencia y transformación gradual.

Según explican, la población cristiana “poco a poco se encontró atrapado entre dos dinámicas convergentes: por un lado, la creciente capacidad del Estado andalusí para reordenar el territorio y asegurar la extracción fiscal; por el otro, la islamización también funcionó como una vía hacia la adaptación social y jurídica”.

El estudio concluye que la desaparición de estas comunidades cristianas No surgió necesariamente de episodios de destrucción o expulsión a manos de los moriscos, sino de un lento proceso de integración en la nueva sociedad andalusí.

“La jerarquía eclesiástica se mostró incapaz de sostener los acuerdos favorables alcanzados en el momento de la conquista, mientras que la creciente centralización y eficiencia de las estructuras fiscales y el tirón urbano de Córdoba erosionaron la base productiva de iglesias, monasterios y elites cristianas”, escriben Martínez y Fernández en su estudio.

Más de 13 siglos después, las ruinas del Cerro de la Virgen ofrecen así una nueva ventana a uno de los periodos más decisivos de la historia de la Península Ibérica. Y sugieren que la transición entre el mundo visigodo y Al-Andalus fue, al menos en algunas regiones, mucho más gradual, negociado y complejo de lo que se había dado por sentado durante décadas.

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