Introvertido y tímido desde niño, Antonio Najarro encontró en la danza no sólo una vocación, sino también una forma de expresión vital. Creció rodeado del folklore andaluz y del pulso popular de la Feria de Málaga, donde empezó a bailar casi sin darse cuenta, perdiendo el pudor entre corrilos improvisados y aplausos espontáneos.
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Fue su familia la que vio una oportunidad para que Antonio perdiera la timidez y intuyó que ese impulso era algo más que un pasatiempo y le animó a formarse profesionalmente.
El camino le llevó hasta el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid, donde estudió durante 11 años y cimentó una carrera que hoy es un referente en España y en el extranjero.
Antonio lo ha hecho todo: ha sido primera bailarina, coreógrafo, fundó su propia compañía, creó bailes para Disney e incluso ha dado el salto al deporte olímpico, colaborando con equipos de natación sincronizada y patinaje artístico.
Más de tres décadas después de abandonar el conservatorio, Najarro sigue repitiendo una idea que recorre toda su carrera: la ilusión como motor creativo. “No hay dos días iguales”, afirma a Euronews Culture.
Su agenda combina ensayos, actuaciones, entrevistas y proyectos que van desde la danza escénica hasta el deporte de élite. Esta diversidad, lejos de dispersarlo en demasiadas direcciones, ha nutrido una carrera marcada por la curiosidad y la apertura a nuevos lenguajes.
De intérprete a director: aprendiendo liderazgo artístico
Primer bailarín del Ballet Nacional de España y posteriormente su director artístico a los 35 años, Najarro vivió desde dentro la complejidad de una gran institución pública. Ese período le enseñó a gestionar grandes equipos, estructuras administrativas y largos procesos de toma de decisiones.
En 2002 fundó su propia compañía y eso supuso un cambio radical: un ambiente más íntimo, decisiones inmediatas y un lenguaje artístico compartido con bailarines que conocen en profundidad su estilo.
Este equilibrio entre rigor y proximidad define su forma de trabajar. Máxima exigencia, sí, pero siempre desde un punto de vista constructivo. “La excelencia no se improvisa”, insiste, y por eso incluso los espectáculos estrenados hace años siguen pasando por sesiones de corrección antes de cada representación.
La huella de los maestros y la construcción de su propio sello
Antonio Gades fue uno de los nombres claves en su formación. De él aprendió que lo aparentemente simple es, en realidad, lo más difícil de ejecutar.
Gades le enseñó a frenar el virtuosismo técnico para dar prioridad al personaje, a escenificar la verdad, a caminar en escena con intención y carácter.
El coreógrafo inicia una anécdota para dar una idea de cómo era el mítico Gades en su búsqueda de la naturalidad. El maestro lo hizo caminar durante dos horas para encarnar al personaje que interpretaba. Aquella lección marcó para siempre su forma de entender la danza española.
De esos años con los grandes maestros de la danza española aprendió que cada creador es diferente y que la huella propia de cada uno está marcada por su propia personalidad. De todos ellos extrajo lecciones que le han ayudado a alcanzar alturas que le sitúan como uno de los coreógrafos españoles de mayor éxito de nuestro tiempo.
Lejos de dejarse llevar por modas pasajeras, Najarro se ha mantenido fiel a una línea estética reconocible. Cualquiera que haya asistido a una actuación de la Compañía Antonio Najarro habrá reconocido la mano del coreógrafo detrás del espectáculo. Sus creaciones tienen un sello propio e inmediatamente identificable: atención extrema al movimiento, el vestuario, la iluminación y la musicalidad. Innovación, sí, pero siempre desde el respeto a las bases aprendidas y a una tradición que considera inalienable.
Inspiración sin fronteras: moda, cine, deporte y escenario
Para Najarro, la inspiración está en todas partes. Un desfile de moda, una película, una fotografía o un paisaje pueden convertirse en la chispa de una coreografía. Esta mirada transversal explica su salto a territorios insólitos para la danza española, como el patinaje artístico y la natación artística.
Su inmersión en el mundo del deporte comenzó hace más de 25 años y culminó con la conquista del oro olímpico por parte de la pareja francesa de patinaje artístico en Salt Lake City 2002. Este momento marcó un punto de inflexión en la disciplina, que empezó a incluir la figura del coreógrafo de danza.
Desde entonces, ha participado en la obtención de ocho medallas de oro olímpicas y ha colaborado con deportistas de élite de todo el mundo. Aportó una expresividad y una narrativa a sus programas que nunca antes se habían visto. Najarro hizo los Juegos Olímpicos aún más grandes, pero los Juegos Olímpicos también lo ayudaron a comprender la presión que enfrentan estos atletas que salen y tienen solo unos minutos para defender el trabajo de años y enfrentar la mirada crítica de jueces y espectadores.
La experiencia le enseñó a relativizar la presión escénica y a valorar aún más la disciplina y el sacrificio que comparten el arte y el deporte: “Sin esfuerzo, sin disciplina, sin repetición… no se consigue nada, ni en el deporte ni en el arte”, afirma Najarro.
La tecnología como peligro para el arte
Najarro se muestra cauteloso sobre el impacto de inteligencia artificial en la creación artísticaaunque descarta la posibilidad de que sustituya a la danza como arte vivo. En su opinión, la verdadera emoción sólo existe en las actuaciones en directo: ningún espectáculo es igual dos días seguidos y esa imprevisibilidad es precisamente su esencia, y no hay IA que pueda manipularla.
Sin embargo, advierte de un riesgo más profundo vinculado a la tecnología en general: la trivialización del esfuerzo. El acceso constante a vídeos y referencias puede generar la falsa sensación de que la excelencia es inmediata, cuando en realidad detrás de ella hay años de disciplina, repetición y sacrificio. “La tecnología puede hacernos perder el interés por ver a un artista en escena”, señala, subrayando que sin coherencia no hay arte ni creación auténtica.
Disney, ópera y exposición internacional
Otro hito llegó con disney. Najarro fue el encargado de cumplir el sueño de muchos y trabajar con la ‘casa del ratón’. La bailarina coreografió el tema principal de Desear, La película centenaria del estudio, inspirada en la Península Ibérica.
La coreografía nació en el teatro de Pozuelo de Alarcón donde conocimos a Najarro para esta entrevista. En ese escenario creó la coreografía junto a los bailarines de su compañía. A través de un exhaustivo trabajo mano a mano con los equipos creativos de Los Ángeles, trasladó la esencia de la danza española -los movimientos de las manos, la mirada, el sonido de las castañuelas- al lenguaje de la animación.
A ello hay que sumar su constante presencia en los grandes escenarios internacionales y su próxima incursión en la ópera, con ‘Carmen’ en Los Ángeles. Japón, Argentina, China y Rusia son algunos de los países donde se celebra su compañía de una forma que, según él, supera en muchas ocasiones la acogida en España.
Sin embargo, Najarro es un férreo defensor del arte de la danza española, una “danza única en el mundo” que merece, según él, un mayor reconocimiento a nivel nacional e institucional.
Una reivindicación cultural pendiente para proteger la esencia de España
Esta aparente falta de visibilidad dentro de su propio país es para Najarro una gran preocupación. Para abordar el problema, cree que la danza necesita una mejor incorporación al plan de estudios nacional y una mayor presencia en los medios. Él mismo dirigió y presentó durante dos temporadas el programa ‘Un país en danza’ de la televisión nacional española, sin embargo, sigue observando cómo el arte de la danza no forma parte de la agenda cultural general en España.
La creación de un teatro nacional de danza podría ayudar a remediar la situación que cree, al igual que existe un teatro dedicado a la Zarzuela, lo que daría peso a una disciplina única en el mundo que forma parte de la identidad cultural de España y, sin embargo, sigue siendo desconocida para gran parte del público.
Cree que la danza no sólo forma artistas, sino personas más empáticas, sensibles y conscientes de su cuerpo y emociones.
Tras los estrenos de ‘La Argentina en París’ y ‘Les Ballets Espagnols de La Argentina’, un ambicioso proyecto que recrea ballets históricos de Antonia Mercé, ‘La Argentina’, con importantes orquestas y teatros coproductores; Najarro continúa de gira con su compañía por Europa y Asia.
No habla de metas concretas ni de sueños pendientes, sino de algo más sencillo y, a la vez, más difícil; levantándose cada mañana con la misma ilusión que aquel niño que bailaba en las calles de Málaga. Porque, para Antonio Najarro, ese sigue siendo el verdadero motor de toda la creación.



